
La relación entre el movimiento literario conocido como Beat Generation y el jazz se encuentra bien documentada, especialmente la que unió a varios de los iconos del aquella, partiendo de su casi simetría en el tiempo, con el bebop y su perfil de rebeldía. Jack Kerouac fue uno de ellos, y aunque no se prodigó tanto en lecturas públicas de su obra como Gingsberg, Borroughs u otros compañeros de generación, sí lo hizo en alguna ocasión y, como especialmente nos interesa aquí, junto a músicos de jazz.
El resultado de aquella experiencia fue recogido en varios discos posteriormente incluidos en el recopilatorio The Jack Kerouac Collection: Poetry Of The Beat Generation y Blues And Haikus, de 1959, y Readings by Jack Kerouac on the Beat Generation, del 60. La colección incluyó además alrededor de media hora de grabaciones que hasta entonces habían permanecido inéditas. El origen del proyecto se remonta a una oferta en diciembre de 1957 del empresario Norman Granz -fundador del sello Verve- al escritor para grabar tres discos para la compañía.
Para acompañar las lecturas de Kerouac se llevó al estudio a un pequeño plantel de jazzmen liderados por Zoot Sims y Al Cohn al saxo tenor y el pianista Steve Allen. Fue el propio Kerouac quien insistió en la presencia de Sims y Cohn, tarea de la que se ocupó el productor Bob Thiele. Su objetivo era principalmente rendir tributo a alguno de sus músicos favoritos, como Lionel Hampton, Lester Young (a quien incluye en su famosa obra On The Road, donde también aparece el trompetista Roy Eldridge) y, por supuesto, Charlie Parker (a quien consideraba tan importante como Beethoven), Dizzy Gillespie y la generación bebopper; en otro de sus escritos, The Subterraneans, Kerouac hace alusión a Thelonious Monk, mientras que uno de los personajes que en él aparecen, Roger Beloit, se basa en el saxofonista Allen Eager, uno de los más fieles integrantes del círculo de Lennie Tristano; otro de ellos, Lee Konitz, fue poderosa fuente de inspiración para Kerouac en su obra de 1951 Visions Of Cody. En suma, no resulta extraño que el escritor confesara que su intención, como en Mexico City Blues, fuera la de ser considerado como “un poeta del jazz tocando un largo blues en una jam session dominical”.
Volviendo al proyecto que nos ocupa, y como corresponde a un temperamento tan sensible y especial como el de Kerouac, la sesión no podía llevarse a cabo sin que sucediera algo rabiosamente beatnick: tras grabar su parte correspondiente, Zoot y Al Cohn empacaron sus trastos y se marcharon, dejando a Kerouac desconsolado al no mostrar aparente interés por la grabación posterior de sus textos sobre la música. Thiele tuvo que cogerle y llevársele a un bar próximo, donde se agarró una buena castaña que acabó con el productor metiéndole en un taxi y mandándole a casa.
Como señalábamos al principio, el idilio entre la conocida como Beat Generation y el jazz no se limitó únicamente a Kerouac; Allen Gingsberg frecuentó las sesiones del Five Spot, especialmente para escuchar a Monk, a quien incluso le regaló una copia de su libro de poemas Howl. Kenneth Rexroth, para muchos el verdadero padre de los escritores beat, escribió un buen número de poemas llevado por su fascinación por el jazz, y en particular por Dizzy Gillespie. Cultivó amistad con Charles Mingus y apoyó decididamente a Ornette Coleman, que tenía también en William S. Burroughs otro ferviente defensor. Rexroth era habitual de las sesiones del Black Hawk en San Francisco, y llegó a compartir escenario (música y lectura) con Cannonball Adderley.
Otro autor vinculado a la Beat Generation, el poeta Kenneth Ford, incluyó en su Poetry For Jazz, de 1959, sendas odas a Billie Holiday y Lester Young, y el conocido locutor Ken Nordine, frecuentemente asociado al movimiento Beat, confesó que le gustaba el jazz “por lo que es: un vuelo de fantasía musical dentro de una estructura”.