Emily Remler, historia inacabada

El fallecimiento en 1990 de Emily Remler con tan sólo 32 años privó al mundo del jazz de una de las guitarristas de mayor relieve y personalidad del jazz contemporáneo. Emily poseía unas cualidades poco comunes que no tardaron en llamar la atención del mundo del jazz cuando, siendo aún muy joven, el veterano Herb Ellis, uno de sus mentores, se expresó sobre ella en términos superlativos. Remler tuvo una carrera fulgurante que abarcó un amplio terreno desde el jazz de hechuras más clásicas a los territorios fronterizos con la fusión, mostrando siempre un talento y creatividad extraordinarios. Seguidora acérrima en sus inicios del gran Wes Montgomery, Emily supo crecer musicalmente hasta encontrar una identidad propia y un discurso expresivo plenamente coherente con ella. Aunque, por supuesto, su amor por Wes siempre estuvo ahí presente. Fue también una firme defensora del papel de las mujeres en el jazz, como expresó con rotundidad numerosas veces a lo largo de su por desgracia corta, pero apasionante trayectoria en esta tierra.

Emily era originaria de Manhattan, pero su infancia transcurrió en Nueva Jersey. Empezó a tocar la guitarra a los 8 años, y tras concluir los estudios primarios ingresó en la Berklee a los 17. Allí descubrió y estudió en profundidad a los grandes guitarristas del jazz, desde el mencionado Wes a Charlie Christian, Pat Martino, Grant Green o George Benson. Fue entonces cuando, con ocasión de un concierto en Nueva Orleans, se presentó a Herb Ellis y éste, sorprendido por su talento, la recomendó al mandamás del sello Concord, que de inmediato la incluyó en su nómina.

Remler llegó a Nueva York en el 79 y empezó a colaborar muy pronto con artistas de relieve, de Eddie Gomez a Astrud Gilberto o Nancy Wilson. Ese año también grabó para Concord su primer disco, con el pianista Hank Jones como invitado especial. Emily se casó con el pianista Monty Alexander (del que se divorciaría en 1984) y afrontó sendas y extensas giras por su país y Europa, consolidando su posición de talento emergente entre crítica y aficionados. Su carrera iba en la mejor de las trayectorias, y sus sucesivos discos, con un porcentaje creciente de temas de autoría original, obtenían por regla general muy buena acogida. En el 86 lanzó un álbum a dúo con Larry Coryell, que fue su pareja durante algún tiempo.

Tras un período en Pittsburgh perfeccionando su formación con Bob Brookmeyer, Emily regresó a Nueva York y grabó otro de sus discos más apreciados: East To Wes, su dedicatoria al maestro y admirado Montgomery. Después, y tras haber demostrado con creces su dominio del lenguaje de sus mayores, decidió abrir campo de visión y se metió de lleno en un enfoque más próximo a la fusión, incluido el uso de la guitarra sintetizada. Concluyó también su vínculo profesional con Concord y fichó por un sello de Texas, Justice Records, donde dio rienda suelta a su nuevo enfoque. Emily trabajaba en un nuevo álbum, This Is Me, con músicos de estudio y apreciables influencias afro y brasileñas cuando, durante una gira por tierras australianas, sufrió un ataque y falleció con apenas 32 años. Llevaba unos cuantos con serios problemas de adicción, que nunca pudo superar y por desgracia acabaron costándole la vida.

El pasado 2024 el sello Resonance editó un puñado de grabaciones en directo en Las Vegas del 84 y 88, con material adicional procedente de las correspondientes transmisiones radiofónicas. Una muestra de la vigencia de una formidable artista que nos dejó con mucho y muy bueno todavía por ofrecer. Grande como pocas: Emily Remler.

Publicado por elcallejondeljazz

(Gijón, 1962) Comencé a interesarme por el jazz a los 13 años. En 1981 me uní a la Asociación de Amigos del Jazz de Valladolid, colaborando en las tareas organizativas del Festival internacional de Jazz y otras actividades como emisiones radiofónicas, charlas de divulgación, publicaciones... A finales de los 80 me incorporé al plantel de colaboradores de El Norte de Castilla como cronista de jazz, publicando regularmente artículos, reseñas y crónicas en el suplemento Artes y Letras, dirigido por Francisco Barrasa. En el otoño de 1990 entré a formar parte del equipo -primero como colaborador y más tarde como redactor- de la revista Cuadernos de Jazz, dirigida por Raúl Mao. A finales de los 90 escribí también para El Mundo -Diario de Valladolid y el bimensual Más Jazz, dirigido por Javier de Cambra. ​En febrero de 1991 me convertí en programador de conciertos del Café España de Valladolid, tarea que desempeñé hasta su cierre en 2009, participando en la realización de más de un millar de conciertos durante el período. ​En 1994 me incorporé al jurado del Concurso de grupos del Festival Internacional de Jazz de Getxo, tarea que he venido desarrollando hasta la fecha. He participado también en la organización de varios ciclos y eventos jazzísticos, como los festivales de Burgos, Palencia, Ezcaray, FACYL de Salamanca, el festival Ahora de músicas creativas de Palencia, el ciclo Son del Mundo de Caja de Burgos o la Red Café Música de Castilla y León. ​Entre 1996 y 99 trabajé como road manager para la agencia Jazz Productions de Barcelona, participando en giras con, entre otros artistas, Johnny Griffin, Kenny Barron, Abbey Lincoln, Phil Woods, Mulgrew Miller, Steve Lacy, Diane Reeves o Jesse Davis. ​Desde 2010 coordino la programación cultural del Café del Teatro Zorrilla de Valladolid, tarea que compaginé durante cinco años con la presentación del ciclo de conciertos Ondas de Jazz de Vitoria, dirigido por Joseba Cabezas. Soy cofundador de la asociación Cifujazz, destinada al mantenimiento del legado de Juan Claudio Cifuentes. Realizo también el podcast radiofónico Dial Jazz.

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