La leyenda de Hasaan Ibn Ali

Pocos personajes dentro del mundo del jazz poseen una aureola tan marcadamente misteriosa como Hasaan Ibn Ali. Para quienes le conocieron y trataron, fue una especie de guru y teórico visionario que ejerció una poderosa influencia sobre toda una generación de músicos en su Filadelfia natal, incluido el propio John Coltrane. Pero buena parte de su vida y trayectoria están envueltas en una nebulosa de leyenda reforzada por las circunstancias de que sólo llegó a aparecer en un único álbum en vida, y que su carácter, al parecer algo agrio y proclive a las trifulcas, le valió más de un encontronazo con la ley, lo que acabó arruinando una carrera en apariencia muy prometedora.

Ibn Ali, cuyo verdadero nombre era William Henry Langford, fue un pianista autodidacta que comenzó tocando la trompeta en bandas de r&b y recibió un poderoso influjo de otro artista de perfil iconoclasta, Elmo Hope. Muy pronto, tras un período de intensa práctica y desarrollo de sus particulares ideas musicales, Ali se hizo muy popular en la escena local de Filadelfia, donde tocó con casi el quién es quién de la misma y un montón de músicos de paso, que parecían apreciar unánimemente su frescura y originalidad. En Nueva York, Ali paso largas temporadas en compañía de su mentor Max Roach, y no hace mucho se han publicado también sus grabaciones en solitario, realizadas durante sesiones de ensayo en el apartamento del batería y aulas de la Universidad de Pensilvania.

Roach convenció a los directivos de Atlantic para que grabasen a Ibn Ali, en lo que se suponía debería de ser su trampolín de lanzamiento a la primera división del jazz. Pero Nesuhi Ertegun puso una condición: que Roach figurara como líder en los créditos. Con un repertorio de originales del pianista, la sesión tuvo lugar a finales de 1964, y en la primavera siguiente salió a la calle. Los resultados complacieron sobradamente a los directivos del sello, que rápidamente prepararon una nueva sesión para finales del verano, compuesta por otros ocho cortes originales y con presencia del saxofonista Odean Pope, uno de los músicos más cercanos del círculo de Ibn Ali y Max Roach. Pero cuando le ofrecieron estar presente en la remezcla, Ali no apareció y envió en su lugar a Pope, por un motivo bien simple: la habían enchironado por temas de drogas. Aquello no gustó nada a Ertegun y los suyos: el proyecto se canceló en seco y aquel disco ya no vería la luz hasta muchos años después.

Aquello significó el fin de los cinco minutos de gloria de Hasaan Ibn Ali. Hasta su muerte, acaecida en una residencia de acogida para sintecho en 1980, siguió tocando esporádicamente por Filadelfia y dando clases para sobrevivir, pero su nombre no volvió a aparecer en los créditos del día a día del jazz. El sello Omnivore iniciaría décadas más tarde el complejo proceso de localizar, reunir y devolver la vida a lo grabado por el pianista durante aquellos años, que concluiría en 2021 con la publicación del mismo en dos valiosos documentos que atestiguan el talento, originalidad y apasionante mundo creativo de un músico que pasó del todo a la nada en apenas unos pocos meses: el único e incomparable Hasaan Ibn Ali.

Publicado por elcallejondeljazz

(Gijón, 1962) Comencé a interesarme por el jazz a los 13 años. En 1981 me uní a la Asociación de Amigos del Jazz de Valladolid, colaborando en las tareas organizativas del Festival internacional de Jazz y otras actividades como emisiones radiofónicas, charlas de divulgación, publicaciones... A finales de los 80 me incorporé al plantel de colaboradores de El Norte de Castilla como cronista de jazz, publicando regularmente artículos, reseñas y crónicas en el suplemento Artes y Letras, dirigido por Francisco Barrasa. En el otoño de 1990 entré a formar parte del equipo -primero como colaborador y más tarde como redactor- de la revista Cuadernos de Jazz, dirigida por Raúl Mao. A finales de los 90 escribí también para El Mundo -Diario de Valladolid y el bimensual Más Jazz, dirigido por Javier de Cambra. ​En febrero de 1991 me convertí en programador de conciertos del Café España de Valladolid, tarea que desempeñé hasta su cierre en 2009, participando en la realización de más de un millar de conciertos durante el período. ​En 1994 me incorporé al jurado del Concurso de grupos del Festival Internacional de Jazz de Getxo, tarea que he venido desarrollando hasta la fecha. He participado también en la organización de varios ciclos y eventos jazzísticos, como los festivales de Burgos, Palencia, Ezcaray, FACYL de Salamanca, el festival Ahora de músicas creativas de Palencia, el ciclo Son del Mundo de Caja de Burgos o la Red Café Música de Castilla y León. ​Entre 1996 y 99 trabajé como road manager para la agencia Jazz Productions de Barcelona, participando en giras con, entre otros artistas, Johnny Griffin, Kenny Barron, Abbey Lincoln, Phil Woods, Mulgrew Miller, Steve Lacy, Diane Reeves o Jesse Davis. ​Desde 2010 coordino la programación cultural del Café del Teatro Zorrilla de Valladolid, tarea que compaginé durante cinco años con la presentación del ciclo de conciertos Ondas de Jazz de Vitoria, dirigido por Joseba Cabezas. Soy cofundador de la asociación Cifujazz, destinada al mantenimiento del legado de Juan Claudio Cifuentes. Realizo también el podcast radiofónico Dial Jazz.

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